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Historia | |||||||||||||||||
| La vida de las religiosas llamándose penitentes
El sacerdote Rudolf de Hildesheim fundó la Orden de las Penitentes en 1227. Esta fundación era una respuesta a la miseria de su época. En Worms Rudolf se dio cuenta de que había muchas chicas y mujeres desmoralizadas. En la mayoría de los casos eran mujeres bastante jóvenes seducidas o violadas por soldados, comerciantes o estudiantes sin residencia fija. Estas mujeres desmoralizadas de esta manera y también desarraigadas no tenían perspectivas de poder integrarse en la sociedad aunque no eran mujeres malas. Pero siendo estigmatizadas como mujeres caídas tenían que llevar su vida sin reconocimiento y dignidad. Desde entonces no tenían el derecho de casarse o de ingresar en un convento. Sólo tenían la perspectiva de seguir llevar su vida en este ambiente deshonesto y de seguir bajando en cuanto a la capa social. La miseria de estas mujeres afectó mucho a Rudolf de Hildesheim y por eso él decidió cuidar pastoralmente de ellas. Con el deseo de realizar esto, procedió de una manera desacostumbrada y revolucionaria: en vez de encarcelar a las chicas caídas en un correccional las reunió en una comunidad religiosa. Allí tenían la posibilidad de tomar el camino interior de la conversión y curación bajo la conducta pastoral de un sacerdote. Tal comunidad formaron nuestras primeras hermanas, las Penitentes de Santa Magdalena en Speyer. Se orientaban por el modelo de la orden de las penitentes. Eso significa en primer lugar, como para todos los conventos en la Edad Media , una clausura estricta, ninguna actividad social sino una vida que se basa en la penitencia y en la curación de si mismo. Patrona e ideal de las penitentes era María Magdalena. Ahora queremos preguntarnos: ¿Qué significado tenía María Magdalena en estos tiempos remotos para nuestras hermanas? ¿Ella tiene la misma importancia para nosotros en el tercer milenio? En la Edad Media María Magdalena era considerada primero como gran pecadora, como prostituta y como una mujer obsesionada por el poder del mal. En el Nuevo Testamento está escrito que Jesús le exorcizó siete demonios. Pero también era considerada como una mujer que en el encuentro con Jesús se convirtió por completo siguiéndole en penitencia ardiente y que después de la Ascensión del Señor se retiró para deplorar su vida pecadora rezando y haciendo penitencia. De esta manera María Magdalena podía ser compañera de las chicas y mujeres caídas. Ellas se convirtieron también encontrando a Jesús y se retiraron por motivos de penitencia en lo que se refiere a su pasado pecador a la soledad del convento para rezar y para hacer penitencia por su vida pecadora. Pero en la Edad Media María Magdalena era considerada también como gran amante y como tal marcaba también, quizá con más énfasis, la vida de las penitentes, quiere decir la vida de nuestras primeras hermanas en Santa Magdalena. Ya que María Magdalena pecaba mucho y profundamente también su amor era grande y profundo. Era una gran pecadora y una penitente pero una penitente llena de amor. Jesús no se dejo llevar por la envoltura fea de su pecado y por su impureza. Su mirada amorosa para con ella le conmovió profundamente, acaparó su alma y despertó en ella la nostalgia primitiva del hombre de entregarse al amor eterno y puro que sólo puede regalar Dios. Reflexionando sobre eso nos damos cuenta de que la penitencia de la Santa María Magdalena para el hombre de la Edad Media no era espantosa sino la expresión natural de un amor grande y madurado, purificado por Dios mismo. Este amor que nuestras hermanas trataban de vivir día a día tenía su origen en la misericordia de Dios. Hasta hoy en día es la base de nuestra vida religiosa. Hasta hoy en día y también en el futuro no podemos prescindir de la misericordia de Dios, eso nos concierne a cada una de nosotras y la Congregación en conjunto. Una y otra vez Jesús tendrá que exorcizar los siete demonios que nos plagan en el sacramento de la penitencia. Pero cuantos más demonios exorciza cuanto más pesa el amor que él nos regala.
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Introducción La historia del convento Los comienzos La vida de las religiosas llamándose penitentes Conversión a la orden de las dominicas Un poco más de historia La secularización y la recuperación del convento Los siglos XIV y XX |
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